Mons. Aponte “preocupación por el sufrimiento de la gente y el esfuerzo por llenar de esperanza a los golpeados por la vida ha sido desde siempre la misión de Jesús”

Así lo expresó Mons. Ramón José Aponte Fernández, obispo de Valle de la Pascua durante la celebración de la misa Crismal, realizada este martes 11 de abril de 2017, en la Catedral Nuestra Señora de la Candelaria, en Valle de la Pascua.

Con el sonar de las campanas a las 10:00 am se dio inicio a la eucaristía con la presencia de todos los sacerdotes de la Diócesis y acompañados de fieles de cada parroquia quienes entregarían el resultado de la XXXVII Campaña Compartir 2017.

Ordinariamente esta misa se celebra, en la catedral de cada diócesis el Jueves Santo; pero, por razones de conveniencia pastoral, se puede adelantar a uno de los días de la Semana Santa. Este año la celebración está enmarcada en el año jubilar de la Diócesis de Valle de la Pascua que celebra su 25 años de haber sido erigida canónicamente un 26 de noviembre de 1992.

A continuación el texto completo de la homilía de Mons. Aponte

Saludo cordialmente a los sacerdotes y diáconos venidos de las diferentes comunidades. A los religiosos, religiosas y consagrados y consagradas que enriquecen nuestra diócesis.  A todos Ustedes hermanos laicos, que son la sal y la luz en el mundo y que hacen presente la Iglesia en medio de la sociedad guariqueña, saludo al coro parroquial y ministro del altar. Saludos a las autoridades.  Saludo también a los amigos de los Medios de Comunicación a quienes agradezco de todo corazón su servicio.  Deseo manifestarles a todos ustedes mi sentimiento de gratitud y  acogida.  Muchas gracias por estar acá participando de esta celebración. Bienvenidos todos Ustedes.

Queridos hermanos, contemplamos en el evangelio de San Lucas proclamado hoy, a Jesús expresando claramente su programa de vida,  es decir, la tarea a la que quiere dedicarse en cuerpo y alma.  Deja bien claro el evangelista  que el proyecto de vida de Jesús de Nazaret  surge de su comunión con Dios Padre.  “El Espíritu del Señor está sobre mí. Él  me ha ungido” Jesús se descubre ungido, señalado, llamado y lleno de la fuerza del Padre.

La preocupación por el sufrimiento de la gente y el esfuerzo por llenar de esperanza a los golpeados por la vida, identifica desde el inicio  la misión del Señor Jesús. En su corazón de Hijo amado por el Padre, en su corazón ungido por el Espíritu,  siente principalmente la vida de los que más sufren: “los pobres”,  “los cautivos”,” los ciegos y los oprimidos”.   Jesús el galileo es el Cristo porque revela con su  manera de vivir, con sus preocupaciones, con sus gestos misericordiosos y con sus denuncias ante la opresión  el Espíritu que mueve su existencia, que es el mismo Espíritu de Dios.

En Cristo descubrimos al Dios Padre dedicado a aliviar el dolor del mundo, los cristianos no creemos en cualquier Dios, sino  en el Dios atento al sufrimiento humano. A nuestro Salvador Jesucristo  lo mueve la misma pasión que mueve al Padre. Esta, justamente, es la Buena Noticia: Lo que le preocupa a Dios es liberar a las gentes de cuanto las deshumaniza y les hace sufrir,  esa preocupación no es una idea o intención bonita,  sino una realidad, un acontecimiento que ya ha llegado en Cristo.  La Fuerza salvadora de Dios se ha puesto ya en marcha, Jesús lo está ya experimentando y quiere anunciarlo a todos. “Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír”

Querida Iglesia Diocesana, como pueblo de Dios estamos llamados a ser los Cristos de este tiempo, a ser los cristianos, a ser los ungidos de ese mismo Espíritu del Señor Jesús en esta nuestra época golpeado por esta crisis humanitaria, que el episcopado venezolano en el mes de enero del presente año ha calificado como: “una cultura de muerte en la que estamos sumidos que configura un estado de acciones y decisiones moralmente inaceptables que descalifica éticamente a quien lo provoca, mantiene o justifica”

El 25 de julio de 1992 el papa San Juan Pablo Segundo decretaba la creación de nuestra Diócesis de Valle de la Pascua con la bula Cum ad aptius.  Hace 25 años de este gran regalo, con el Evangelio podemos decir “este es el año de gracia del Señor”, que es también un llamado a revisar  nuestra vida personal y nuestra pastoral ordinaria para ver si vivimos dejándonos guiar por el Cristo del Evangelio, también a preguntarnos si estamos siendo Cristo con nuestras obras de todos los días para poder decir con la coherencia y la autoridad moral de Señor “hoy se cumple esta Escritura”.

Para asegurar una mayor y mejor evangelización como nos plantea la bula de creación, se hace necesario que nuestra evangelización profundice cada vez más en su identidad  con el Evangelio, por eso tiene cada día mas sentido nuestra opción diocesana por la iniciación cristiana de adultos.

Como Pastor diocesano quiero plantearles unos interrogantes, con la intención que de alguna manera nos sirvan de inspiración para ir respondiendo a ese llamado que nos hace hoy la Iglesia: A la conversión pastoral:   ¿Nuestras planificaciones están realmente impregnadas e identificadas con el programa que pauta hoy el Señor en el Evangelio?  ¿Lo que hacemos y decimos los católicos de esta tierra llanera es realmente buena noticia para los que están sufriendo más?  El Espíritu que empujó al Señor a dedicar su vida entera a liberar,  aliviar, sanar y perdonar ¿es el Espíritu que moviliza nuestras comunidades parroquiales y nuestras diferentes instancias diocesanas? Dejémonos ungir y fraguar por el Evangelio, dejemos que la Buena Noticia del Padre que es Cristo, marque con su Aceite sanador, con su vida, nuestro ser y nuestra pastoral.

Hermanos, al  participar de esta hermosa liturgia queremos  ser nuevamente ungidos por el amor de Dios, capaz de hacer nuevas todas las cosas.  Con la consagración del  santo Crisma y bendición los Oleos, reafirmamos, como pueblo de Dios,  nuestra repuesta al compromiso bautismal de ser discípulos misioneros del Señor, la entrega de la campaña compartir de este año; “Ollas Comunitarias.., aún queda mucho por hacer” es revelación del  buen olor de Cristo en nuestra diócesis.  Con la recensión del santo Crisma y de los Oleos  que ustedes harán en sus comunidades  expresamos la necesidad de  permitir que el aliento de Dios revelado en Cristo siga configurando nuestra vida y nuestra pastoral.  Estos santos Oleos  que acompañarán durante todo el año  nuestras tareas evangelizadoras son signo y expresión de nuestra identidad de cristianos: consuelo para los que sufren, bálsamo para los adoloridos y denuncia ante la injusticia que merma la vida digna.

Hermanos sacerdotes que en esta mañana junto con el Obispo somos ante el pueblo de Dios  signo  de la presencia misericordiosa del Redentor en el mundo,  somos el instrumento para llevar la vida de Dios al pueblo  a través de los sacramentos y de nuestra propia existencia.  Ungidos para ungir al santo pueblo de Dios. Queridos sacerdotes nuestra vacación tiene sentido en cuanto estamos para servir al pueblo de Dios, fuimos  ungidos para  ser capaces de servir a imagen de Cristo Siervo. 

El santo Padre Francisco en la misa Crismal del 2015  les decía estas hermosas palabra a los sacerdotes (cito)  “Repasemos un momento las tareas de los sacerdotes que hoy nos proclama la liturgia: llevar a los pobres la Buena Nueva, anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor. E Isaías agrega: curar a los de corazón quebrantado y consolar a los afligidos.

No son tareas fáciles, implican nuestra capacidad de compasión, son tareas en las que nuestro corazón es «movido» y conmovido. Nos alegramos con los novios que se casan, reímos con el bebé que traen a bautizar; acompañamos a los jóvenes que se preparan para el matrimonio y a las familias; nos apenamos con el que recibe la unción en la cama del hospital, lloramos con los que entierran a un ser querido… Tantas emociones… Si tenemos el corazón abierto, esta mención y tanto afecto fatigan el corazón del Pastor. Para nosotros sacerdotes las historias de nuestra gente no son un noticiero: nosotros conocemos a nuestro pueblo, podemos adivinar lo que les está pasando en su corazón; y el nuestro, al compadecernos (al padecer con ellos), se nos va deshilachando, se nos parte en mil pedacitos, se conmueve y hasta parece comido por la gente: «Tomad, comed». Esa es la palabra que musita constantemente el sacerdote de Jesús cuando va atendiendo a su pueblo fiel: «Tomad y comed, tomad y bebed…». Y así nuestra vida sacerdotal se va entregando en el servicio, en la cercanía al pueblo fiel de Dios… que siempre, siempre cansa.” (Fin de la cita) Más adelante el papa nos invita a saber descansar recibiendo el amor, la gratitud y todo el cariño que nos da el pueblo fiel de Dios y a descansar en el Maestro Jesús, (cito) “El Señor nos lava y purifica de todo lo que se ha acumulado en nuestros pies por seguirlo. Eso es sagrado. No permite que quede manchado. Así como las heridas de guerra él las besa, la suciedad del trabajo él la lava. El seguimiento de Jesús es lavado por el mismo Señor para que nos sintamos con derecho a estar «alegres», «plenos», «sin temores ni culpas» y nos animemos así a salir e ir «hasta los confines del mundo, a todas las periferias», a llevar esta buena noticia a los más abandonados, sabiendo que él está con nosotros, todos los días, hasta el fin del mundo.” (Fin de la cita)   Gracias queridos hermanos, que Dios les pague el haber sido fieles a su vocación.

Démosle gracias al Señor por haber escogido a estos hombres desde su seno materno para la gran vocación sacerdotal. Esta mañana vamos a renovar, nuestros compromisos sacerdotales y vamos a pedir a ustedes, pueblo de Dios, que recen mucho por nosotros para que seamos dignos de esta unción del Espíritu Santo.

Démosles gracias a Dios porque durante estos 25 años son numerosos los testimonio de laicos y sacerdotes que han gastado sus vidas en la evangelización, en la construcción de esta Iglesia local, en la implementación de la Pastoral de conjunto, recordamos de manera especial al nuestro querido primer Obispo, ya en la paz del Señor; Mons. Joaquín Morón Hidalgo.

Pidamos a nuestra primera evangelizadora Nuestra Señora de la Candelaria su intersección y que nos siga mostrando la Luz que lleva en sus brazos, Ella que durante este jubileo está visitando cada una de nuestras comunidades parroquiales  nos lleva a Jesucristo luz y camino para Venezuela. Amén.

Prensa Diócesis de Valle de la Pascua

11 de abril de 2017

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